Aprendamos de los caracoles
Vivimos corriendo. Entras en cualquier estación de metro y parece una competición de velocidad. Constantemente nos ponemos metas, exprimimos nuestro potencial al máximo y únicamente disfrutamos cuando alcanzamos dicho objetivo propuesto. No nos permitimos disfrutar del proceso. Las pantallas agravan este fenómeno. Nos pasamos la vida pensando en el futuro y despreciando o incluso olvidando el presente. Vivimos con la sensación de llegar tarde a las cosas. Sentimos terror de quedarnos atrapados en el presente, queremos avanzar, no quedarnos atrás y oxidarnos; sentimos terror de que el presente se esfume y se fugue con nosotros; sentimos terror de convertirnos en polvo y ser olvidados. Por otro lado, tenemos a nuestra disposición prácticamente cualquier cosa en cuestión de segundos; únicamente tenemos que abrir el buscador de internet y encontraremos aquello que buscamos. Habituados a esta inmediatez, tendemos a rechazar aquello que implica un considerable gasto de tiempo. ¿Veis hacia dó...