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Luces que merecen permanecer encendidas

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Esencia. Una palabra tan perfecta. Tan perfecta porque todos la tenemos; y cada uno la manifiesta de una manera distinta, curiosamente conforme a nuestra esencia. La RAE (Real Academia Española) la describe como aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Y es que la definición no puede ser más acertada. La esencia implica una identidad profunda y autenticidad. A mí me gusta referirme a ella como la luz interior de cada uno. Es aquello que nos distingue, que nos hace únicos. Se trata de algo que destacan de ti cuando te escriben una carta; lo primero que se le viene a la cabeza a alguien cuando piensa en ti; aquello que un ser querido incluye en tu felicitación de cumpleaños cuando te dice que eres una persona especial. Es algo intransferible pero altamente delicado. Se ve alterado por las traicioneras expectativas que convierten esa luz interior, en la que nos sentimos en paz con nosotros mismos, en una oscuridad de la que no podemos escapar...

Sonrisas que alteran sistemas

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Rostros desconocidos: ojos anónimos, orejas ignotas, narices inusuales, cejas singulares. Todo tan igual y al mismo tiempo tan diferente. Pero hay un rasgo que marca la diferencia; hay un rasgo que no deja a nadie indiferente. Se trata de un rasgo que todo el mundo tiene, pero al mismo tiempo, no todo el mundo emplea. Este rasgo es capaz de hipnotizar, atrapar y hechizar. Es un arma capaz de alterar a cualquier individuo. Su poder es tan elevado que su más mínima presencia puede ocasionar resultados de lo más extravagantes. Se trata de sonrisas: sonrisas tímidas, sonrisas picarescas y atrevidas, sonrisas que acompañan a ruidosas carcajadas, sonrisas puras y cálidas; ni más ni menos que sonrisas que alteran sistemas.  ¿Cómo algo tan simple y sencillo puede transformar nuestros sistemas emocionales? Porque una sonrisa es más que un mero gesto bucal, sino que es un acto de amor, estima y luz. Posee, además, un rasgo determinante: es contagiosa. Su presencia ocasiona un efecto espejo e...

Almas que dejan huellas

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Cuando nos encontramos tristes, o simplemente apagados, no existe mejor remedio que un cálido abrazo y un consejo de un ser querido. No hay nada más aliviador que el consuelo y el cariño de una persona por la que sientes aprecio. Así son las relaciones humanas, encuentros entre seres en los que abunda la bondad, la estima y la perceptibilidad. Estas se caracterizan por nuestra sensibilidad y nuestra capacidad de empatizar. Los seres humanos, como Aristóteles sostiene, necesitamos vivir en sociedad; nos necesitamos los unos a los otros para coexistir. Por consiguiente, la sociedad se caracteriza por la existencia y unión de las relaciones humanas: algo tan único e irreproducible en otros animales. Si hablamos sobre educación, se nos vienen a la mente palabras como enseñar, aprender, profesor, alumno… Y aunque no lo mencionemos explícitamente, hablamos de relaciones humanas. En el momento en el que el profesor pisa el suelo de un aula repleto de niños, comienza a generarse una relación. ...

Aprendamos de los caracoles

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Vivimos corriendo. Entras en cualquier estación de metro y parece una competición de velocidad. Constantemente nos ponemos metas, exprimimos nuestro potencial al máximo y únicamente disfrutamos cuando alcanzamos dicho objetivo propuesto. No nos permitimos disfrutar del proceso. Las pantallas agravan este fenómeno. Nos pasamos la vida pensando en el futuro y despreciando o incluso olvidando el presente. Vivimos con la sensación de llegar tarde a las cosas. Sentimos terror de quedarnos atrapados en el presente, queremos avanzar, no quedarnos atrás y oxidarnos; sentimos terror de que el presente se esfume y se fugue con nosotros; sentimos terror de convertirnos en polvo y ser olvidados. Por otro lado, tenemos a nuestra disposición prácticamente cualquier cosa en cuestión de segundos; únicamente tenemos que abrir el buscador de internet y encontraremos aquello que buscamos. Habituados a esta inmediatez, tendemos a rechazar aquello que implica un considerable gasto de tiempo. ¿Veis hacia dó...

Mi punto de partida

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Cada persona es diferente; cada uno entendemos la realidad de manera distinta, conforme a nuestros valores, vivencias y cualidades. Es por ello que no debemos limitarnos a entender la realidad desde nuestra propia perspectiva. Debemos esforzarnos por intentar comprender el por qué del desarrollo de distintas conductas. Y no debemos tomarnos las cosas de manera personal, sino que debemos intentar entender que la realidad es más profunda de lo que pensamos. En un aula escolar, aquel niño que nunca hace los deberes tiene una historia de trasfondo; y su etiqueta de "vago” opaca su identidad y su historia. El colegio no debe ser un lugar de “acusación” ni de “etiquetación”, sino un lugar seguro en el que el alumno se desarrolle integralmente y se aprecie su singularidad. Con lo cual, antes de "coger manía" a un estudiante; debemos pararnos a pensar por qué actúa de cierta manera y reflexionar acerca de la mejor manera de intervenir para alcanzar un positivo desarrollo de su p...