Luces que merecen permanecer encendidas
Esencia. Una palabra tan perfecta. Tan perfecta porque todos la tenemos; y cada uno la manifiesta de una manera distinta, curiosamente conforme a nuestra esencia. La RAE (Real Academia Española) la describe como aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Y es que la definición no puede ser más acertada. La esencia implica una identidad profunda y autenticidad. A mí me gusta referirme a ella como la luz interior de cada uno. Es aquello que nos distingue, que nos hace únicos. Se trata de algo que destacan de ti cuando te escriben una carta; lo primero que se le viene a la cabeza a alguien cuando piensa en ti; aquello que un ser querido incluye en tu felicitación de cumpleaños cuando te dice que eres una persona especial. Es algo intransferible pero altamente delicado. Se ve alterado por las traicioneras expectativas que convierten esa luz interior, en la que nos sentimos en paz con nosotros mismos, en una oscuridad de la que no podemos escapar...