Sonrisas que alteran sistemas

Rostros desconocidos: ojos anónimos, orejas ignotas, narices inusuales, cejas singulares. Todo tan igual y al mismo tiempo tan diferente. Pero hay un rasgo que marca la diferencia; hay un rasgo que no deja a nadie indiferente. Se trata de un rasgo que todo el mundo tiene, pero al mismo tiempo, no todo el mundo emplea. Este rasgo es capaz de hipnotizar, atrapar y hechizar. Es un arma capaz de alterar a cualquier individuo. Su poder es tan elevado que su más mínima presencia puede ocasionar resultados de lo más extravagantes.

Se trata de sonrisas: sonrisas tímidas, sonrisas picarescas y atrevidas, sonrisas que acompañan a ruidosas carcajadas, sonrisas puras y cálidas; ni más ni menos que sonrisas que alteran sistemas. 

¿Cómo algo tan simple y sencillo puede transformar nuestros sistemas emocionales? Porque una sonrisa es más que un mero gesto bucal, sino que es un acto de amor, estima y luz. Posee, además, un rasgo determinante: es contagiosa. Su presencia ocasiona un efecto espejo en quien observa: provoca una sonrisa. Compruébalo por ti mismo. Observa estas fotos de personas sonriendo contagiosamente; ¿verdad que te dan ganas de sonreír?


Foto extraída de Pinterest @espressokanne
Foto extraída de Pinterest @mayharosas
Para explicar este significativo fenómeno, la AEPSIS (Asociación Española de Psicología Sanitaria) nos habla de neuronas espejo. Estas son un tipo de células nerviosas, cuya activación se produce al observar como una persona realiza una acción. Posteriormente, se genera una representación mental de esta misma acción, permitiendo experimentar en uno mismo aquella acción que se estaba observando. Esto mismo sucede con los bostezos, por ejemplo. Seguro que alguna vez os ha sucedido que tras observar a una persona bostezar, vosotros habéis bostezado; pues esto es fruto de las neuronas espejo.

Y es que el poder de las neuronas espejo no se limita a los simples bostezos, sino que son capaces de generar efectos trascendentales a través de las sonrisas. Una sonrisa, un cambio. Pero, ¿por qué? Porque cuando pasamos tiempo con una persona que sonríe con frecuencia, nos contagia esa emoción positiva que siente, y como consecuencia, sonreímos. De la misma manera, nuestra sonrisa (causada por su expresión facial) impactará en sus neuronas espejo favoreciendo, nuevamente, su sonrisa. De este modo, se trata de un círculo vicioso positivo, cuyo efecto genera una respuesta emocional agradable y cálida.

Pero, ¿qué tienen que ver las sonrisas con la educación? Pues su relación es mucho más compleja y profunda de lo que pensamos. Las sonrisas son capaces de generar redes entre personas, son capaces de unir y forjar vínculos. Por ejemplo, a la hora de tratar con niños, conectar con ellos resulta una tarea esencial. Para favorecer esta conexión, necesitamos proporcionarles atención y cariño: elementos que son fruto de una sonrisa. Puede parecer surrealista o incluso incierto, pero no lo es: esbozar una VERDADERA sonrisa puede conectar personas.

Conectar con los niños, nos permite superar una gran barrera: su limitado mantenimiento de la atención durante la sesión. Los niños pequeños pueden mantener la atención y la concentración durante apenas 30 minutos seguidos. Aunque la realidad es que en cualquier momento se dispersan y recurren a sus pensamientos, olvidando el momento presente que están viviendo. Por supuesto que para favorecer su concentración, existen metodologías activas tales como plantear las sesiones de acuerdo al aprendizaje por descubrimiento o enfoques como el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA). No obstante, muchas veces recurrimos a recursos complejos y difíciles de poner en práctica cuando en nuestras manos tenemos un recurso mucho más sencillo de poner en práctica, que puede generar, también, resultados impactantes. Con esto no quiero decir que las metodologías pedagógicas no sean útiles, lo son y mucho; simplemente, considero que nos solemos enfocar en la complejidad, olvidando, en ocasiones, la sencillez, como sonreír. Así que, ¿por qué no mezclamos esa intensa sencillez y complejidad?

Probablemente, a lo largo del texto te estés preguntando acerca del por qué siendo sonreír algo tan positivo, tendemos a olvidarnos de ponerlo en práctica. Y es porque en nuestro día a día contamos con un “impedimento”, que no nos permite disfrutar de la vida como realmente deseamos. Se trata del cortisol, la tan conocida hormona del estrés. El cortisol trata de ser el protagonista, él atrapa nuestra atención; y nuestra vida se limita a cumplir (con malestar) nuestras responsabilidades y expectativas. Para evitar que el cortisol sea el vencedor de esta insufrible batalla, debemos recurrir a las sonrisas. Las sonrisas naturales y reales liberan endorfinas, serotonina y otro tipo de neurotransmisores cuya liberación supone un “analgésico natural”; podríamos decir que la liberación de estas sustancias se pueden interpretar como si nuestro propio cerebro estuviese sonriendo y riéndose. Y por supuesto que la liberación de estas sustancias, conocidas como las hormonas de la felicidad, produce un impacto positivo: se reduce la liberación de cortisol, disminuyendo el estrés; se genera una sensación emocional de placer; y se incluso fortalece el sistema inmunológico, entre otros beneficios.

Numerosas veces, se nos olvida sonreír. Tendemos a tomarnos las cosas excesivamente en serio, dejando de lado la humanidad presente en el ámbito educativo. No olvidemos que la educación nace del humano, y lo humano implica sentir. Con lo cual, no confundamos sonreír con tomarse las cosas en broma; sino que percibamos sonreír como una manera de humanizar la enseñanza y el aprendizaje. Las sonrisas se sienten como calidez y accesibilidad hacia la persona, se sienten como seguridad y aceptación, se sienten como relajación y despreocupación; eso es humanizar.

Todo aquello expuesto puede resultar una mera tontería; una exageración, ¿quizás? Puede, pero los resultados que se producen son impactantes y verídicos. Las sonrisas atrapan la atención de los alumnos porque favorecen la creación de conexiones. Las sonrisas crean vínculos, vínculos cálidos y bondadosos. A la hora de enseñar, a parte de aplicar metodologías de gran utilidad, no nos debemos olvidar de incluir en nuestro enfoque pedagógico una sonrisa. Porque con una sonrisa se transmite más que un gesto, sino que se transmite un impacto emocional: una sensación placentera y afectiva. Este impacto es tal que es capaz de captar las miradas de los estudiantes, los hechiza. 
Foto  extraída de Pinterest 
Para comprobar el impacto que puede provocar NO sonreír, os voy a pedir que respondáis a las siguientes preguntas. ¿Cuántas veces en el colegio os habéis enfrentado a situaciones con un nivel elevado de dificultad? Miles de veces. ¿Cuántas veces ante ese tipo de situaciones os habéis bloqueado y frustrado? Miles de veces. ¿Cuántas veces esta situación ha dado fruto a una sensación de malestar e inseguridad? Miles de veces. Sí, las frustraciones en los colegios son asuntos cotidianos; no obstante, en este tipo de situaciones el profesorado debe actuar. Y como no, nuevamente, a la hora de abordar esta situación se debe hacer con una sonrisa, no con un mal gesto en la cara. Porque los niños no serán capaces de comprender todavía cómo se hace una ecuación pero sí que entienden el sentimiento que hay detrás de una mueca. Muchas veces olvidamos que el lenguaje corporal puede transmitir mensajes más ruidosos que el lenguaje verbal. En numerosas ocasiones, el malestar generado no se debe a su fallo ante el enfrentamiento a la situación complicada, sino a la desaprobación que el propio profesor muestra con su gesto. 

Precisamente por eso, durante el conversatorio sobre educación inclusiva, se insistía constantemente en que educar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino también en acompañar emocionalmente al alumno. Muchas veces olvidamos que antes de aprender, el niño necesita sentirse seguro. Y esa seguridad no siempre se construye con grandes recursos o metodologías complejas, sino también con la cercanía, el tono de voz, la mirada o incluso una simple sonrisa.

Por lo tanto, no infravaloremos el valor de una sonrisa. En situaciones de frustración, cuando las abordamos con una sonrisa estamos transmitiendo el siguiente mensaje al niño: “tú eres capaz de hacerlo, confío en ti”. De esta manera, promovemos que el niño confíe en sí mismo, y vuelva a intentarlo, esta vez con mayor fuerza y seguridad en sí mismo.

Cuando hablamos de educar, hablamos inevitablemente de acompañar y guiar. 

Hazlo. 

Acompaña y guía, pero hazlo con una sonrisa.

Porque una sonrisa es más que una expresión emocional, puede ser el haz de luz en medio de la tormenta de alguien.


Foto extraída de Pinterest 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi punto de partida

Aprendamos de los caracoles

Almas que dejan huellas