Aprendamos de los caracoles
Estrés, perfeccionismo excesivo, falta de concentración y rechazo al esfuerzo son algunos de los rasgos propios de este paradigma. La educación se ve gravemente afectada por esta cultura. Los estudiantes carecen de atención y concentración; es por ello que muchos expertos sostienen que el futuro poder intelectual será la atención. Cada vez reciben su primer móvil a edades más tempranas, y de un momento a otro este se convierte en su compañero de vida. Qué triste, ¿no? Toda su curiosidad, creatividad e imaginación se desvanecen cuando viven pegados a un aparato hiperestimulante. Al estar tanto tiempo delante de una pantalla en la que los vídeos apenas duran más de un minuto, ¿cómo van a ser capaces de concentrarse para leer un libro? Por ello, soy fiel defensora de que se prohíba el uso de los teléfonos móviles en los colegios. Las instituciones educativas deben ser lugares que fomenten toda esa atención y creatividad que se pierde al estar expuestos constantemente al móvil.
Por otro lado, esta cultura genera cierta repulsión al esfuerzo. Acostumbrados a que internet nos proporcione aquello que queremos, sin quejas, en cuestión de segundos; se rechaza aquello que implica ejercitar nuestra mente y dedicar tiempo. En los colegios debemos fomentar el fortalecimiento de la fuerza de voluntad. Sinceramente, considero que si de verdad queremos generar un impacto en la sociedad y construirnos como personas, la fuerza de voluntad supone un factor imprescindible. Esta nos permite llegar hacia donde queramos y conseguir ser quien queramos. Y tanto la fuerza de voluntad como el esfuerzo están íntimamente relacionados; de hecho, van de la mano. Con lo cual, es hora de poner fin a esta era de “oposición” al esfuerzo, debemos impulsar que los alumnos luchen por aquello que quieren y conozcan las implicaciones y beneficios que supone poner su empeño en conseguir aquello que desean.
En este contexto, y aunque todavía falten por mencionar diversos efectos secundarios que provoca esta situación; os planteo una posible solución: abogar por la pedagogía de la lentitud, también llamada la pedagogía del caracol, defendida por autores como Joan Domènech. Esta sugiere desacelerar. Algo aparentemente simple, pero que engloba numerosos aspectos. Esta pedagogía propone un modelo que plantea la educación como un transcurso que requiere tiempo sin tiempo. Basándonos en este enfoque, la educación es considerada un proceso que requiere una dedicación ambiciosa de tiempo; pero, por otro lado, también es un proceso que requiere lentitud. Y es que no se aprende a vivir de la noche a la mañana. Esta perspectiva otorga más valorar a la calidad que a la cantidad; defiende una organización escolar basada más en los procesos que en los resultados. Asimismo, al igual que cada uno somos completamente diferentes y diversos, nuestros ritmos de aprendizaje también lo son. Respetar esos ritmos implica acoger a la diversidad y la singularidad de cada uno de nosotros; y responder a lo propuesto por la pedagogía lenta.
Por otra parte, busca fomentar la creatividad y el descubrimiento, impulsar la curiosidad. La curiosidad es un rasgo inherente al ser humano e indispensable que no quede en el olvido. El ser humano tiene un anhelo de conocer y desarrollarse integralmente para alcanzar su máximo potencial; debido a este anhelo, nace ese deseo de querer aprender. Se desea conocer, entender y crecer como persona. No perdamos esto. Acudamos a la pedagogía de la lentitud para incrementar nuestro afán de conocer el por qué de las cosas; convirtámonos en personas más sabias. Adicionalmente, este movimiento también busca entender los errores como factores de aprendizaje; evaluar los procesos (no solo los resultados); impulsar el aprendizaje cooperativo; fomentar el pensamiento, la escucha y el debate, entre otros muchos aspectos.
Con lo cual, nos encontramos ante una burbuja en la que la vida transcurre a una velocidad más rápida que la luz. Y nosotros, como parte de la sociedad, accedemos y nos adentramos en esa burbuja, en la que el tiempo se dispara. No lo voy a negar, yo también soy partícipe de esa prisa e impaciencia. Soy la primera que baja corriendo las escaleras mecánicas para llegar al primer metro que pasa; soy la primera que se frustra si no consigue lo que quiere en su primer intento; y también soy la primera que se conecta al móvil después de comer. Yo soy parte de este sistema; probablemente, tú también lo seas. Pero admitir que formamos parte del problema es el primer paso para solucionarlo, ¿no? Es el momento para actuar, empezar a vivir nuestra vida con lentitud y tranquilidad y enfocar la pedagogía de manera diferente.
Vivir en calma suena muy apetecible ¿no? Llega el momento de trasladar esa irresistible paz y tranquilidad a las aulas; contagiar a nuestros estudiantes la serenidad; conseguir que se desarrollen integralmente con calma, sin prisas, cada uno a su ritmo. El fracaso debe formar parte de este enfoque “zen”, pero se debe tratar desde una perspectiva de avance, de progresivo crecimiento. El alumno debe concebir el aprendizaje como un proceso de intentos (fracasos y aciertos). Se debe impulsar la resiliencia, la persistencia y la ambición; sin llegar a un perfeccionismo (el ser humano no es perfecto).
De hecho, esta idea conecta bastante con lo que plantean Wenger y Lave sobre el aprendizaje. Ellos defienden que aprender no consiste simplemente en memorizar contenidos rápidamente, sino en participar poco a poco, equivocarse, observar y formar parte de un proceso progresivo de crecimiento. Y sinceramente, creo que muchas veces la cultura de la inmediatez nos hace olvidar precisamente eso: que aprender requiere tiempo, paciencia y experiencia.
Por eso, os invito a que aprendamos de los caracoles y moderemos nuestros ritmos. Disfrutemos de la vida y la educación con plenitud y, por supuesto, lentitud. Y finalmente, permitíos descansar; la vida no es una carrera llena de baches en la que solo disfrutamos tras superar cierto bache; sino que es un camino rodeado de árboles, flores, ríos… en el que para ver el atardecer debemos escalar una montaña. Esa montaña se debe escalar sin prisa, ya que, si no, nos caeremos; y si al escalar dicha montaña no disfrutamos del proceso, puede que al llegar a la cima y no encontrarnos con el atardecer que esperábamos, sino con un cielo nublado, consideremos que nuestro esfuerzo ha sido en vano. Cuando la realidad es que el camino de subida ha sido un lugar de aprendizaje, desarrollo, esfuerzo y fuerza de voluntad. La vida es así y la educación también.
Cuando nos detenemos y apreciamos el presente, acogemos la lentitud; y verdaderamente encontramos la esencia de la vida. La educación es un proceso lento pero pleno, dediquémosle el tiempo que necesita a un ritmo adecuado.

Que curiosa la metáfora! Me ha encantado!
ResponderEliminarme parece muy interesante como lo has relacionado con la pedagogía a través de este enfoque de la paciencia y la lentitud. Creo que llevas toda la razón cuando dices que es necesario admitir que somos parte del "problema" para solucionarlo. Ojalá leer más sobre ello porque que ganas de aprender a vivir más lento y disfrutando a tope ;)
ResponderEliminar¡Totalmente de acuerdo! Vivimos siempre corriendo y pendientes del futuro, y casi nunca disfrutamos del momento. La idea de la pedagogía de la lentitud me parece súper súper interesante!
ResponderEliminarCompletamente de acuerdo Bea, llevamos un ritmo vital demasiado descontrolado. La verdad que si que tenemos que aprender muchas cosas, ¡hasta de los caracoles! 😅
ResponderEliminarMe encanta lo que dices y coincido con lo que dices!!
ResponderEliminarToda la razón Bea que bonito!
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo, vivimos siempre de cara al futuro y buscando resultados, pero lo que de verdad importa es el proceso.
ResponderEliminarMe ha encantado Bea!!! Ha sido una reflexión maravillosa en la que me he sentido muy identificada. Me llevo algo en lo que pensar, gracias por tus bonitas palabras.
ResponderEliminarSoy Irene Martín Pérez :)
Me encantaaa beaaa!!. Es tan bonito lo que escribes y que refleja tanto la realidad de ese avance y de ese estanacamiento. Lo necesario que es aprender con el tiempo y emoción.
ResponderEliminarBea, que reflexión más interesante! Te expresas de manera muy clara y poética, logrando transmitir tus emociones y pasión por este tema. No puedo estar más de acuerdo con que hace falta una pedagogía caracol, y definitivamente investigare más acerca de esta misma. Muchas gracias por compartir!!
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